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Veinte (776) VEINTISÉIS
“Él
me dijo: es preferible que ahora tengas en la cabeza y el corazón visiones reveladoras para estar
a la altura de la tempestad?” (Adoniada 206)
El
lenguaje
es
un balbucir del espíritu
del
soplo esencial
de los pulmones.
Viene
de lejos, del corazón,
de
lo oscuro, de lo profundo,
nace
del infierno,
de la caverna
y
se manifiesta en lo más puro
en
el balbuceo de los niños,
en
el grito,
en
el territorio fértil
de la infancia
y
en la poesía:
__
es un no sé qué
que queda balbuciendo__
un
temblor,
un agitación de luces
y
de sombras
lo
no dicho aún
por indecible
lo
no nombrado aún
por innombrable
como
el número de arenas del desierto
como
el número de estrellas
o de pájaros;
sonidos,
palabras, estribillos,
voces
repetidas en el mismo orden
que
suenan y resuenan en las cavernas
como
el ritmo del mar
y de las olas
un
dos, un dos, un dos…
como
el latir del corazón
y
el fuelle del aire en los pulmones
y
que emerge violento en erupción
en
grito
y
que convoca a la acción
a
la práctica de la piedad
al
encuentro del otro
y de lo otro…
El
hombre taciturno
que
se manifiesta nuevo
en
la palabra.
Mariano Ibeas 24/01/2025



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