VEINTISÉIS
“Él me dijo:
Es preferible que ahora tengas en la
cabeza y el corazón
visiones reveladoras para estar a la
altura de la tempestad, (Adonis, pag. 206)
El
lenguaje,
lo
que usas para conocer
y
para que te conozcan
es
un balbucir del espíritu,
del
soplo esencial
de los pulmones
un
soplo de fuelle,
como
el que alimenta
el fuego de la fragua,
viene
de lejos
de
la bomba del corazón
de
lo oscuro
de lo profundo;
nace
del fuego del infierno
del
fondo de lka cueva
y
se manifiesta a la luz
en
lo más puro,
en
el grito
en
el vagido y el resollar
primero,
en
la voz que taladra los oídos,
en
el territorio fértil
de la infancia
y
en la poesía también
__
ese no sé qué
que queda balbuciendo__
un
temblor de alas
una
agitación de luces
y de sombras,
polvo
de alas de mariposa
entre los dedos,
polvo
en el polvo
__
más polvo enamorado__
Eres
barro, repito,
hijo
de barro
y
de cenizas
y
te alzaste un día
de
las sombras a la luz
con
el soplo del aire,
el
soplo del espíritu,
un
viento que llega
desde
las entrañas,
desde
el vacío, desde la nada
en
la dura agonía de respirar
de
sacarle a las sombras
un
hálito de vida
apenas
un hilillo tenue
un
rayito de luz;
eres
barro, arena, polvo
y
en la luz
se
esclarecen tus cenizas.
Mariano
Ibeas 25/01/ 202










