viernes, 1 de enero de 2010

GERVASIO SÁNCHEZ Y SU BLOG


“YO LO VI” (Publicado en Heraldo de Aragón el 31/12/2009)

Hace un año empecé este blog que se ha ido publicando en la edición digital y escrita de Heraldo de Aragón y en soitu.es, un portal de internet que cerró hace dos meses. Quería homenajear al gran pintor aragonés Francisco de Goya coincidiendo con el bicentenario de Los Desastres de la Guerra. No sabía cuántas entradas iba a hacer, ni siquiera qué temas iba a tocar. Tenía claro que sólo iba a hablar de lo que conozco de primera mano. “Yo lo vi” (como tituló Goya su desastre 44) debería ser el primer principio de cualquier decálogo periodístico. Al final he escrito 82 textos que en la edición en papel de Heraldo se han publicado acompañados por los 82 Desastres que grabó Goya entre 1810 y 1815.

Tengo que confesar que durante años me negué a escribir un blog. De hecho, este blog no es muy ortodoxo. Los textos son largos y los he escrito de forma esporádica. Durante mi estancia en agosto en Afganistán todos los días di de comer al bicho y, en cambio, ha habido temporadas de hasta un mes sin introducir ningún texto nuevo. Este blog, por tanto, es casi la antítesis de lo que supuestamente debe ser un blog.

Me negué porque creo que escribir un blog de calidad es muy difícil y mantener el ritmo diariamente es una tarea imposible. Por lo menos para mí. Los periodistas somos tan humanos como el resto de los ciudadanos. Hay días que nos levantamos con muchas ganas de escribir y las ideas fluyen solas y otros que cerraríamos el ordenador de un golpe.

Tengo amigos que llevan años escribiendo blogs. Muchos están cansados de los insultos anónimos y algunos han dejado de escribir en determinados portales desesperados por los continuos ataques. Siempre he sido partidario de que se publiquen las críticas más duras a mis artículos e, incluso, he aconsejado a lectores furibundos que limpien sus textos de insultos para conseguir que sean publicados.

Como todos sabemos una carta al director de un diario tiene que ir firmada para que se publique y sólo se publica si es respetuosa. Es cierto que hay diarios que no publican críticas muy constructivas. La visión negativa que tienen los ciudadanos de los periodistas tiene mucho que ver con la prepotencia con la que muchas veces se actúa en las redacciones. Soy partidario de que las páginas de cartas al director se amplíen. Acepto el anonimato, pero me parece curioso que alguien se escude en él para insultar o denigrar a otra persona.

Internet ha democratizado la opinión y ha permitido que muchas personas puedan publicar lo que piensan en tiempo real sin filtros de ningún tipo. La red está repleta de foros muy interesantes y hay temas estrellas que mantienen aferrados al teclado a miles de cibernautas. Pero también hay personas que aprovechan la libertad absoluta para convertir cualquier debate en una retahíla de insultos. Muchos se refugian en el anonimato para escribir lo que nunca se atreverían a decir en público.

Durante este año miles de personas han escrito comentarios a los textos publicados en Los Desastres de la Guerra. Desde el primer día pedí a soitu.es que evitase censurar ningún comentario por muy duro o insultante que fuese a pesar de que el portal advertía que “los comentarios inapropiados serían borrados”.

En el mes de enero escribí varios artículos sobre los bombardeos israelíes contra Gaza. Algunos lectores aprovecharon el anonimato para verter comentarios muy ofensivos. Soitu comprobó que nueve de los primeros 18 comentarios procedían de la misma persona y pidió al comentarista que dejase de mandar textos insultantes. A continuación, un lector, también anónimo, envió el siguiente texto: “Pienso que la libertad de opinión debe respetarse cuando haya argumentos, si no los hay debe censurarse por el bien del foro”.

Los escritos sobre los Balcanes, Colombia, el racismo en Guatemala, las fosas comunes en España provocaron la llegada de escritos muy ásperos con el autor. Algunos ciudadanos colombianos o guatemaltecos no aceptaban que un extranjero hablase de sus países y, menos, si es español. Otros me acusaban de no haber estado nunca en Colombia, un país que conozco desde hace más de 20 años, y desde donde estaba escribiendo los textos que se publicaban.

La memoria de nuestra Guerra Civil se sigue utilizando en España como arma arrojadiza. Algunos comentaristas críticos con la búsqueda de las fosas comunes admitían que seguramente tendría otra opinión si hubiese casos de desaparecidos en sus familias. Pero otros simplemente insultaban a las víctimas.

En cuanto a los comentarios que llegan a través de Heraldo, yo soy el primero en leerlos. Como no quiero ser juez y parte, decidí que no censuraría ningún comentario enviado aunque incluyese los insultos más violentos. Fue también en el mes de enero cuando recibí los ataques más furibundos coincidiendo con mis textos sobre el conflicto israelí-palestino.

Un lector insultó también a un compañero de la redacción de Heraldo y me vi obligado a hablar con el director, que decidió enviarle un texto a su correo electrónico en el que se le recordaba que “no está permitido escribir comentarios injuriantes y nos reservamos el derecho de eliminar los que consideramos que violan de forma reiterativa las normas básicas de respeto a las personas”. No obstante, decidí actualizar los comentarios enviados por el comentarista intransigente y se pueden leer en la entrada “La conciencia enterrada en un ataúd” publicada el 11 de enero.

En el preciso momento de escribir el último texto de este año me queda por actualizar un solo comentario a la entrada “La cobardía de los políticos débiles”. Lo envió un tal Enrique a las 14,38 del 26 de noviembre y era muy escueto: “eres un cobarde de mierda”. Sería justo que esta sublime e imaginativa frase, tan corta como uno de los magníficos cuentos de Augusto Monterroso, se quedase anclada donde se merece: en el estercolero del lenguaje. Pero le doy el visto bueno ahora mismo para no quedarme con el mal sabor de boca de haber censurado a un proclive escritor de insultos.

Mi idea es continuar este blog durante el año que entra y así acercar a los lectores a situaciones conflictivas alejadas de sus vidas cotidianas. Espero que siga habiendo el mismo interés y una buena participación en los foros. Feliz Año Nuevo.



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