VEINTICINCO
“Él me dijo:
Él
amaba la tierra, dijo que pertenecía a la tierra y a su secreto,
Que
en ella se esclarecían sus cenizas.”
Perteneces
a la tierra,
a
la raíz y su secreto;
eres
tierra, barro, limo,
limo
amasado con agua,
de
la estirpe de Adán,
nacido
de la tierra,
amasado
con las manos
como
el pan
con
agua de lluvia que cae del cielo
con
las sombras de la tarde
con
el abrazo de los brazos
y
el ritmo de la rueda
como
ruedan los granos de polvo
y
su masa se amasa
y
se amansa entre las manos;
eres
de la raíz
de
la estirpe de los muertos
del
secreto de la cueva
y
del tiempo de lo oscuro,
del
tiempo del no-ser todavía…
Vienes
del árbol,
del
fuego y las cenizas,
vienes
de la palabra,
del
fuego y la ira de los dioses
el
tiempo de las nubes
el
flujo y reflujo de las aguas
del
rodar de las estrellas.
Vienes
del número
del
número y la medida,
del
ritmo, el metro y el compás,
la
música de las esferas.
Pero
no siempre está
el
poeta, oráculo de los dioses,
no
está ni se le espera;
confundió
los hados
y
se quedó dormido
volvió
la vista atrás
y
no está cuando debiera,
cuando
se le necesita,
ni
es tampoco un entendido
en
lo que dice,
simplemente
balbucea
viene
de un mundo
a otro mundo
y
no quiere revelar
la
luz que le ciega.
Mariano Ibeas 23/01/2025



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